Recordar a las personas que se han ido de buena forma es un poco difícil, admito que no tengo la mejor estima entre las personas que se han ido en mi vida. Sin embargo, de ti, es imposible no ver todas las cosas buenas. ¿Te acuerdas de esos salpullidos de felicidad que teníamos en los viajes en tu coche? Eran fuera de serie.
Jamás se me va a olvidar el día que nos vimos por última vez después de estar en disgusto el uno con el otro por meses, recuerdo ese momento que después de semanas de ni siquiera hablarnos, más que un abrazo, ameritó un apretón de manos, de esos que se encuentran las manos y dicen, felicidades, estoy bien orgulloso de ti y te quiero mucho. Obviamente, no se pudo evitar el abrazo, momentos padre-hijo, pues.
Últimamente he estado pensando mucho en ti, creo que últimamente significa desde entonces hasta hoy que ya se han vuelto 3 años y 7 meses, duros, de extrañarte y a veces de aún llorar y patalear por ti, pero es que es imposible no hacer eso cuando pierdes a la persona que más quieres, tú sabrás de eso, creo. Aún conservo esa promesilla que hice cuando te fuiste, estoy cuidando a tu mamá, ella está bastante bien estos días, soy la única persona a la que le ha demostrado una depresión sincera y profunda, ¿Qué puedo decir? Me tiene más confianza a mí que a nadie. Lo triste es que yo tambíen a ella pero si le suelto toda la sopa, ya sabes como es, se pone a llorar hasta más que yo, ja!
Quiero pensar que esto es como una carta, el otro día estuvo Giorgio por acá y platicamos mucho de ti, tantísimas historias que no me sabía, cuando puedas escribirme por favor apúntame la receta de esa salsa verde que hacías, la extraño mucho y a pesar de que tengo mucho tiempo tratando de hacerla no puedo llegar a ese punto en el que puedo decir ¡Ya! ¡Al fin la pude recrear! Quiero que vengas pronto para darte a probar la salsa bolognesa que hago, me queda hasta mejor de lo que a ti jaja, la verdad lloré el día que probé mi propia bolognesa, me sentí orgulloso de mí y de pensar que hubieras estado orgulloso de mí, no pude evitar romperme en llanto, no estoy seguro si fue de tristeza, creo que más bien fue de felicidad, también estoy segurísimo de que ni en Italia has probado una mejor, ¿Allá en dónde estás hay Italia? Entre risillas te escribo eso, porque yo sé que no hay Italia, pero quería darte envidia de que acá en la casa hay Italia cada que prendo la estufa, también un poco de Chile.
Lo que me recuerda, el día de ayer Alan me invitó a Santiago el siguiente año para asistir a la reunión de ex alumnos del INBA en tu lugar, fue una invitación linda, ir a representar a mi papá, ¿Te imaginas? Y en Chile! Hoy me siento bien digno de ser tu hijo, de hecho, creo que me anoté un diez jajaja, ojalá te pueda ver pronto porque esto de comunicarme con cartas a correspondencia no se me da mucho, ni siquiera sé si te llegan, avísame si te llegan por favor, no me dejes acá en el silencio.
Antier estaba viendo una película, se llama About Time, seguro te gustaría, tiene tiempo que es una de mis favoritas, hay una escena en la que el protagonista tiene que despedirse de su papá, me quedé intrigado en saber cuál sería tu último deseo de pasar conmigo o mis hermanos, por más que lo pensé no pude llegar a una conclusión, aunque conociéndote, lo más probable es que fuera un viaje, y obviamente en coche, eso de los aviones es ridículamente aburrido, el viaje está se encuentra en el trayecto y con esas formas tan nuevas del mundo como que se pierde la esencia. En fin ¿Cuál hubiera sido tu última actividad con nosotros? ¿Conmigo? A mí me gustaría enseñarte las canciones que he hecho en estos últimos 2 meses, no tienes idea de lo buenas que son y sé que te gustarán cuando las escuches, me siento más orgulloso que aquella favorita de ti.
Oye, es inevitable llegar a esto, creo que para eso soy hijo, pero ¿Podrías mandarme una lana? Ocupo pagar un montón de cosas (ja), en realidad quiero dinero para hacerme un estudio propio y poner algún negocio por ahí, quiero seguir el camino que tú no seguiste, el de la comida como negocio. De hecho el otro día me dieron una idea súper genial que quisiera desarrollar pero te la platicaré después porque me van a cobrar mucho por mandar una carta tan larga, ayer me gasté todo en el dermatólogo y tengo que guardar espacio para la despedida.
Te quiero mucho, de hecho te amo pa, ojalá que te esté yendo muy bien y por favor, mándame tus mejores deseos porque es difícil no irse abajo en los momentos cuando no tengo tu apoyo, siempre fuiste la persona que más creyó en mí, gracias a ti conocí el medio de la música, de las celebridades, de hecho, creo que creías en mí más de lo que yo, pero no te preocupes, ya estoy mejor y estoy subiendo a un paso ridículamente rápido en este par de semanas pasadas. Ah, una última cosa, ¿Te acuerdas de Miguel? El otro día platicábamos del plato enorme de comida que nos diste, me causó una sonrisa de lágrimas, esos recuerdos tan bonitos en los que es imposible que no se te ponga a temblar la cara mientras las lágrimas escurren. Por favor, no te olvides de mí, yo nunca lo haré y siempre te voy a tener ahí, al fondo de mi mente, atrapado en un abrazo.
Los mejores deseos,
Tu hijo Román.
martes, 28 de octubre de 2014
lunes, 27 de octubre de 2014
Sonrisas Inocentes.
Cayó por accidente en mi vida. Nunca por error: por accidente. Si los accidentes son parte del plan macabro del destino para salpimentarnos la vida, o si son las liebres que se le escapan, no es cosa, por supuesto, que yo defina. Soy sólo yo, como siempre.
De lo único de lo que sí alcancé a enterarme fue de los dedos entrelazados. Imaginen la sorpresa cuando de repente, al voltear, encontramos en el lugar que históricamente correspondió al cinismo, a la soledad o a la promesa sin semilla, una sonrisa que sólo ha de ser descrita en escrupuloso diminutivo. ¿Qué hace esa mano engarzada a la tuya? ¿A dónde va? ¿Sería mucha molestia si me repite su nombre, tan gentil sería? ¿No vio un destierro por aquí, no se habrá sentado en él?
Y del desconcierto a la cobardía hay un suspiro; de la cobardía a la estupidez, aún menos tregua. De pronto me vi siendo héroe y amigo, confesor, maestro, amante y sueño curtido a mano. Tan absorto estaba en complacer su sonrisa, que descuidé mis dedos; de ellos (y aún no comprendo cómo) hizo un refugio para los dos.
¿Sabes a qué juegan dos niños encerrados a piedra y fuego en su refugio compartido? Yo recién lo descubrí: a todo lo que les toque la imaginación. A veces es fácil (y a fin de cuentas tanto o más válido) no entender nada, sobre todo cuando frente a ti tienes el deber de trazar, con líneas de chocolate, la cartografía entera de una espalda, hallando por supuesto la geodésica entre un escarpado coxis y una nuca hipersensible.
domingo, 26 de octubre de 2014
Viernes
Los días de otoño están corriendo sus últimas películas. Tanto el aire como la luz de la mañana y de la tarde cambian, vienen con optimismo, con metas. En cada calle las personas están barriendo los sueños de la noche anterior. El chofer silba una canción junto con la radio, un perro le estira su lomo al sol, su luz, resbalándose por el frío suelo. La mañana comienza a tomar ritmo.
Nosotros somos andantes bajo este cielo. Las calles están estrechas y ese berrinchudo trazado que tienen hace imposible trasladarse de otra forma. Siempre ha sido así, quizás por eso no es raro ver mucha gente de pie a estas horas, entradas de colegios, oficinas.
Siempre salgo temprano. Me deslizo por las calles y voy para el centro de la ciudad. Los viernes se transfiguran en cualquier vuelta que doy, a contra esquina. Todo es malva y tierra, después azulejo y mármol. Esta ciudad es como un cuento, a cada paso crece el entusiasmo.
El viernes es un día distinto, se siente una esperanza, quizás la del fin de semana pero se siente como las jacarandas comienzan a florear, para poder acorralar el destino. Un día de esos que se quedan en la memoria como hilachos desmadejados y es imposible zafarlos, como un día de oportunidades.
Si hoy al terminar la jornada, al salir de la oficina, me enfilo otra vez por la calle opuesta a mi rutina; Si hoy otra vez el olor a pan caliente está en el aire y las suelas se me resbalan hacia la panadería; Si hoy una vez más la señora de la tienda me hace plática y me muestra su folleto Avón. Haré una pausa en su recorrido, me detendré.
Agudizando mis oídos al ritmo del martillo contra el metal. La mirada en la calle del frente, con la plaza. El portón gigante entreabierto. Dentro de la obra en proceso del edificio detrás del mío, con filamentos de acero por todo el suelo. Al centro de la escultura en la glorieta, la forja. El artista dando vida a lo inerte. Sueño que la veo a través de la pantalla; y me giro un poco más a ella, y si nuestras miradas se cruzan… No lo podré creer. ¡Ya no habrá remedio! La tarde, el eclipse de los árboles en medio de la calle, la noche cerca, y todas las estrellas a punto de fulgir me van a decir que sí. Hoy es el día para iniciar mi historia.
Nosotros somos andantes bajo este cielo. Las calles están estrechas y ese berrinchudo trazado que tienen hace imposible trasladarse de otra forma. Siempre ha sido así, quizás por eso no es raro ver mucha gente de pie a estas horas, entradas de colegios, oficinas.
Siempre salgo temprano. Me deslizo por las calles y voy para el centro de la ciudad. Los viernes se transfiguran en cualquier vuelta que doy, a contra esquina. Todo es malva y tierra, después azulejo y mármol. Esta ciudad es como un cuento, a cada paso crece el entusiasmo.
El viernes es un día distinto, se siente una esperanza, quizás la del fin de semana pero se siente como las jacarandas comienzan a florear, para poder acorralar el destino. Un día de esos que se quedan en la memoria como hilachos desmadejados y es imposible zafarlos, como un día de oportunidades.
Si hoy al terminar la jornada, al salir de la oficina, me enfilo otra vez por la calle opuesta a mi rutina; Si hoy otra vez el olor a pan caliente está en el aire y las suelas se me resbalan hacia la panadería; Si hoy una vez más la señora de la tienda me hace plática y me muestra su folleto Avón. Haré una pausa en su recorrido, me detendré.
Agudizando mis oídos al ritmo del martillo contra el metal. La mirada en la calle del frente, con la plaza. El portón gigante entreabierto. Dentro de la obra en proceso del edificio detrás del mío, con filamentos de acero por todo el suelo. Al centro de la escultura en la glorieta, la forja. El artista dando vida a lo inerte. Sueño que la veo a través de la pantalla; y me giro un poco más a ella, y si nuestras miradas se cruzan… No lo podré creer. ¡Ya no habrá remedio! La tarde, el eclipse de los árboles en medio de la calle, la noche cerca, y todas las estrellas a punto de fulgir me van a decir que sí. Hoy es el día para iniciar mi historia.
martes, 21 de octubre de 2014
La Espera.
Escucho triste la canción, aquella que traspasa el mosquitero de la ventana y salpulle la habitación bañándola en notas imaginarias, abatido por la nostalgia me siento a esperar, quizás lo que siempre espero llegue en unos cuantos minutos. Bien sé que las últimas mañanas las he vivido en los recuerditos de un recuerdo, quizás eso ha potenciado ese sentimiento azul que llega en los noviembres de cada año, ese que flota con la humedad en el ambiente y que se respira con monotonía.
Algún día pensé que todos esos recuerdos regresarían y me senté a esperar en la fría luz de la mañana a que todo regresara mientras el tiempo pasó caminando muchas veces, saludando allá donde lo lejos, recordándome que no me puede esperar porque la espera es la muerte más lenta que se puede vivir. ¿Entonces? ¿En dónde estás? ¿Por qué no llegas? ¿Por qué mandas esas señales falsas? No lo entiendo.
La conocí única resplandeciente en mi silencio y en el pleno de su ruido, me volví imán para dar un balance a todo pero al llegar la calma, con ella vinieron los pensamientos inútiles, desperté del sueño, mi corazón late fuera de control y aún no estás ¿Por qué no estás? Estoy tan acostumbrado a esta ansiedad que ya se volvió compulsiva. Las vibraciones, los parálisis, el sudor, el pánico, todo en un ataque gigante, agresivo, violento y destructivo. La turbulencia del viaje me ha dejado con la lengua exhausta de las palabras dichas, pero no importa porque la paciencia volvió a llegar y duermo, esperando por el siguiente día para despertar. Nunca me ha gustado dormir, alguna vez escribí las palabras "Siempre me pregunto si duermes, dormir es tan metafórico como la palabra vida, el absurdo intento de morir cada noche y todos los días."
Siempre ha sido suficiente un instante para detenernos, permanecer sentados hasta que la magia irradesciente de un rayo de luz deja mi cuerpo como un daguerrotipo, una imagen pálida y perdida, fuera de las sensaciones que han desanimado al corazón que me tiene vivo. Sigo esperando, años, la espera, la luz en la ventana, mis párpados se abren...
...Y aquí estás,
Resplandeciente única.
lunes, 20 de octubre de 2014
Mar Adentro.
A media tarde estuve frente al mar. Nublado de "marejada" cómo dicen. Toda la mañana hubo una llovizna petit que me empañaba los lentes. El mar, parecía cansado y apenas agitaba sus olas, suaves olas. Su mano maternal había olvidado los azules, mezclando el pincel entero ha conseguido un agua de enjuagar pintura. La ausencia de la brisa hace que el calor aumente. La humedad en todo se despierta. Dejo el celular y mi playa de soledad está cansada de amaneceres. Me decido y entro al mar. De inmediato me reconoce puesto que su espuma cual abrazo se mete entre mis piernas a sacudirme. Esquivo un par de ellas y ya estoy adentro. Calma.
Este mar de mañanas con bruma pesada apenas me quiere hablar y en silencio me recibe. En aguas quietas de arenas sucias voy flotando, durmiendo. Escucho mi respiración hasta el fondo de una ola, sus ondas marinas viajan, con ellas se va mi imaginación, mi fuerza, mis pecados. Todo agua soy y allá voy mar adentro.
Mar de occidente, sin temor al frío, recíbeme amoroso, déjame entregarme a ti después de verme estar toda la mañana, déjate tenerme, al fin, óceano amante. Me tumbo a ti, para flotar cerrando los ojos, amante respirando al oído. Te entrego mis sonidos y mis latidos, mi aire, dentro de ti. Parece música, me calma ese sonido a silencio, a felicidad. Jamás he escuchado algo similar pero todo de pronto es carmesí, en las nubes, en la humedad. El oleaje tiene un ritmo nuevo, sabe de guitarras y de la nostalgia. Conoce las gotas de lluvia, y la piel mestiza.
Floto a merced de esa corriente que me regalas, mar. Mi respiración envuelta.
Inhalo. Exhalo.
domingo, 19 de octubre de 2014
Lluvia de Estrellas
Una fuga de ideas que me hace abandonar el mundo de las banalidades y en pleno ejercicio de mi desapego dejo todo, incluso el tiempo importante. Soy una persona sin oficio, un señor de tal muy ocupado.
Sigo calzando zapatos, nunca se sabe cuando habrá que salir huyendo, cuando esa estrella me caiga encima, cuando el pájaro en la jaula muera de inanición, cuando las ventanas se cierren.
Creeme, hasta tú te sorprenderías.
Sin pausa, ni tregua. Sin rencores. Más allá de un mundo irreal está el recuerdo. La idea cierta de que todo pasó según lo planeado para bien del olvido.
Tiempo de culto. Lluvia de estrellas.
El eco de las conversaciones.
Tú entiendes.
jueves, 16 de octubre de 2014
Poema Olvidado
Rescatar palabras como piedritas de oro. Pulirlas, darles forma. Leerlas luego y sorprenderme pensando. ¿Yo escribí eso?
Hacer un poema. Dejarlo. Hacerlo de nuevo. Tomarlo con fuerza. ¡Violarlo! Dejarlo tirado en el suelo. Ignorarlo por días. Oírlo llorar, reír. Volverlo a amar. Pedirle perdón. Pequeño poema mío nacido de mis torturados piensos. ¡Pobre poema pisoteado! Ahora te traigo de regreso. Ahora te limpio, te leo de nuevo. Te acaricio, poema dolido. Eres tan frágil como yo. Tan vulnerable, tan jodidamente permanente. ¡Vuelve a la vida poema miserable! ¡Regresa y golpea mi memoria! Déjame saber porque te he escrito y he querido olvidarte. Golpéame el presente con esas palabras que un día quise y dejé por escrito.
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